Artículos y Reportajes

Autor
Erik C. Landín G.
(Dr. H. Ga.)
Cronología del domingo 8/04/07

1. 7.30 Voy o no voy. Estoy cansado de darle vueltas a la cama sin poderme dormir nomás de estar pensando. Vaya, son muchos días pero sigo firme y no desmayo.
2. 7.50 Si me quedo, ¿qué hago? La necesito, de eso no hay duda. La cosa es...
3. 8.10 Total, ya estoy aquí.
4. 8.30 Al fin listo. "Ya me voy, ma" -"ándale pues, que te vaya bien. ¿No se te olvida algo?" -"Creo que no. Adiós"
5. 8.35 - 8.55 "Cada día más..." he ido cantando y oyendo infinidad de estaciones del radio. Sólo le he cambiado. Mi pensamiento sigue en lo mismo: "¿Qué estará haciendo?"... "¿Será que?".
6. 8.56 "Llegué. A ver si hay alguien más".
7. 9.00 Me bajo del coche después de meditarlo un poco. Vienen a mi mente infinidad de imágenes que no puedo describir ahora. Sentimientos encontrados entre voy o no voy. Cosquillas de nervios, de emoción. Siento esas mariposas en el estómago que, francamente, hacía un rato no sentía.
8. 9.15 No he dejado de mirar el reloj y estar al pendiente de las personas. Muchos me miran al igual que yo a ellos. Traje mi credencial, las llaves de la central y mi distintivo de Súper con la esperanza de quien no me conozca reconozca el símbolo. Hemos crecido tanto que siento temor de no reconocer a alguien que no haya visto antes y, al mismo tiempo, que él o ella tampoco me pele.
9. 9.20 Por fin, está decidido. 9.30 Entro esté quien esté. "No he calentado" y no me suelta la idea de la muchedumbre ni de la eterna Ala ni Chonina. "Dos gotas...". El de los tamales me ve extraño como si pensara que lo voy a robar o a comprar o no sé qué. Los del hospital vecino lo mismo. Hay doctores que entran y salen.
10. 9.25 Entro a la parte trasera del coche sin dejar de ver los espejos para ver si reconozco a alguien o alguna persona reconoce mi coche o, en el mejor de los casos, a mí. Es extraño estar en el asiento de atrás solo y poniéndome la nariz, la bata, el color discreto. De repente, no dejo de pensar en la muchedumbre de Ala y eso me fortalece: ¡Gracias amiga!
11. 9.30 Me armo de valor yo sólo con un chorro de recuerdos de los setenta y tantos que últimamente nos hemos llegado a reunir en la central. La infinidad de correos que he leído de tantos: Pachuca, Nuevos MdlR, grandes amigos. Me inspiro en mi gran constelación Pyxiana y tantos con tanta pila como Machín, Maricielo, Tutú, karlangas, Colorín, Locochón, Rulo, Remedios, Tazz, Nashito, Chido y Patrifucia y tantos, tantos, que con esa imagen me bajo del coche y he sentido su presencia que ahora sí me siento indestructible de verdad y listo para empezar, continuar y terminar la visita del Domingo 8 en el hospital pediátrico de Tacubaya.
12. 9.33 "Hola" -"¿Ora vienes solo?" -"No, vienen como 500 conmigo" -"¿y donde están?" -"Vienen detrás de mí". Sé que no entendió lo que quise decir. Sólo anotó mi nombre y me dijo: "¡Adelante!".

Entré al hospital muy extrañado. El ambiente es distinto. Poca gente, poco ruido. Poco ánimo. Enseguida, me fui animando conforme encontraba gente que me saludaba y me decía "hola", hasta que llegué con dos niños: José Antonio y Alfonso que, de verdad, me han hecho darme cuenta de lo importante de la visita. Primero y la más importante, de la visita de los papás, hermanos y familiares; luego, la de los Médicos de la Risa o "payasitos", como nos identifican en sus solitarias habitaciones y estancias que, ¡ah, caray! ¡Cómo nos duelen a todos!
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Antes de llegar al hospital llevaba un nudo en la garganta por una situación particular por la que estoy atravesando y me ha traído pensando un buen rato por una buena cantidad de días. Hoy, la neta, me llevo otro nudo por no tener con quien compartir ni regaderearme esta visita que me ha pesado cañón.

13. 11.30 Salgo del hospital y me dirijo hacia el coche buscando un ciber de volada para soltar mi regadera antes de que se se vaya todo lo que traigo mientras lo enciendo y avanzo. Así pasó la visita más extraña y solitaria de mis dos años y tres meses de mi experiencia como Médico de la Risa.
14. 11.45 Tengo hambre. En la calle de José Morán venden carnitas sabrosas que siempre hay gente. Me estaciono y bajo al local. De entrada, me encuentro con un par de chavitos que están comiendo y no dejan de mirarme. Estoy absorto en mis propios pensamientos y con mis sentimientos hechos bola.
15. 12.10 Termino de comer, y he aplacado mi hambre. Sólo me falta el ciber de volada. Sigo pensando: ahora llegan a mí ideas de Cuetzalan, de la visita de ayer y de las calles vacías y sus posibles causas que me gusta imaginar.
16. El coche y mis manos me llevan al lago de Chapultepec. Paso por el Meridian que tantos recuerdos me traen de "La lluvia de Estrellas", de Xóchitl y Monik -par de pyxis que esa noche al empezar el evento se enteraron del fallecimiento de su abuelo-, la gran fiesta que se armó y tan buena compañía que ahora... llegué al lago y no hay tanta gente. ¡Qué bien! Camino por el derredor de él y mientras me sigue un pato. ¡Claro!, yo por la orilla del verde lago y el pato dentro del lago. Jaja, jaja, jaja, de repente me invade la idea de que el lago parece lleno de clorofila, ¿será? jaja, jaja, jaja.
Ya mucho más relajado, le platiqué al pato todo lo sucedido mientras la gente me veía extrañado. ¡Qué más da!, ¡¡¡no comprenden el indescriptible placer de "la regadera"!!! Pobre pato, se tardó un rato escuchándome, ¡qué padre, pero raro!, ¿no creen?
17. Al fin, me siento libre y listo para seguir. En 15 minutos estoy cerca de casa y en este ciber se quedan mis emociones:
¡Lo padre de estar en Risaterapia!
¡Lo padre de ir a visita solo por esta vez!
¡Lo padre de tener muchos amigos en la Central y compartir estos sentimientos!
¡Lo padre de ser Médico de la Risa y poder entregar una partecita de lo que recibo de los visitados!
¡Lo padre de leer a Ala y Chonina!
¡Lo padre de ser H.Ga!
¡Gracias, Risaterapia, gracias amigos, gracias H.Ga!
Erik C. Landin G.

"Si me dieran a escoger entre mi Mundo y tú,
sin dudarlo, escogería mi Mundo,
porque mi mundo eres tú...".