Artículos y Reportajes

Autora
Noemí Contreras T.
(Dra. Chispita)
Noemí Contreras Tanamashi es Directora de "Pitos, Flautas y Serpentinas", en Cuento con tu Risa.
Cómo y por qué me hice Doctor de la Risa

No saben con qué facilidad me vienen a la mente las experiencias que he tenido al compartir una sonrisa. Quizás a veces he gesticulado por compromiso, algunas otras porque siento cosquillas, inclusive porque no me queda de otra; pero ahora que vivo la dulzura, el cosquilleo, el brincoteo, ese brillo que me resplandece el rostro y hormiguea por todo mi ser, he podido descubrir, en ese preciso momento, que estoy vivo, que no tuve que pagar a nadie por esa sensación y, lo más importante: ¡que soy feliz!

Qué te parece si abrimos bien los ojos (porque de otra manera no terminarías de leer esta grata experiencia) y me imaginas dándole vuelta a la hoja de el periódico A.M. y justo en ese momento aparece frente a mis ojotes -por no ser tan modesta y decirlo de otra manera- hermosos, preciosos y expresivos ojos… un artículo sobre una asociación de dizque "Cuento con tu risa", de Doctores de la Risa, y como su servidora siempre ha sido muy curiosa, no le bastaron esas líneas, por lo que días después me di a la tarea de buscarlos en el Hospital General Regional de León asistiendo con frecuencia hasta que logré contactarlos; me encontré de frente al Dr. Endorfino y el Doctor Dopamino, únicos miembros en ese tiempo de Cuento con tu Risa.

La primera vez que los vi pensé que había encontrado individuos bastante chiflados, y -como a veces no paro de echarle mente-, me imaginé que eran como escapados de un hospital psiquiátrico.

Y así comenzó mi aventura; me invitaron a participar en un curso de Doctores de la Risa que ellos impartirían y lo primero que hice fue inscribirme al curso, experiencia que ha cambiado mi vida y el compartirla con los demás. De esta manera pude apartar de mí la soberbia, cuando el primer día de curso nos invitan a quitarnos los zapatos y comenzar a trabajar. Fue una semana en la que el encuentro conmigo misma estuvo lleno de sinceridad, amor, ternura, tristeza, desilusión, capacidad, en fin, una serie de sentimientos tanto placenteros, como de insatisfacción.

Algo muy importante que me sostenía en esos momentos es que mi ser estaba siendo diferente, estaba pasando por esa metamorfosis que necesitaba como parte del proceso a poder compartirme un rostro alegre que emanaba de mi satisfacción interna. Indudablemente aprendí las bases necesarias para poder llevar esas actitudes que alientan y dan una luz de esperanza, así como ver el dolor y sufrimiento dentro de un hospital de una forma diferente. Es en esa semana cuando veo, por primera vez, inserta una nariz roja como parte de mi rostro, cuando inicié el compromiso de recordar día con día el ser feliz y compartirlo con los demás. Es por lo que me quedé en ese grupo de personas atrevidas a satisfacer sus sentimientos en una forma diferente, aprendiendo el servicio y sus consecuencias vitales, que son: llevar el amor en el corazón y la alegría hasta en los momentos más difíciles.

En esos días, el verme jugando como niña, sintiendo que cada poro de mi piel lo disfrutaba, que por mi ser fluía una energía que rebotaba mis músculos, zangoloteaba mis huesos e irrigaba mi sangre, me hizo perder el temor de equivocar mi decisión al servicio de lo que veía iba a ser para algunos pequeñitos. En ese momento descubrí que el servir era para mí como una vitamina que mi ser necesitaba para complementar mi existencia en este mundo.

Tengo en mi mente una multiplicidad de experiencias, entre ellas: poder utilizar el lenguaje de la sensibilidad con pequeños que por alguna razón no pueden ver mi nariz roja pero sí tocarla; o quizá no puedan tocarla con sus manos pero sí sentirla con sus pies; o quizá no puedan correr conmigo por los pasillos, pero sí transportarnos con nuestros pensamientos y alegría a uno de sus mejores sueños.

Es más, a veces no hablamos el mismo idioma o lengua, o no oyen ni hablan, y si tal vez lo vemos desde el punto de vista intelectual, no tenemos los mismos conocimientos, pero ¡no importa!, a fin de cuentas compartimos los sentimientos del corazón, valía importante que nos hace no preocuparnos de cuando sea el fin de nuestras vidas. Es justo en ese momento, cuando se apodera de nosotros la risa, la alegría recorre todos y cada uno de nuestros sentidos, y sólo en ese momento podemos comprender que no hay tiempo que perder para transformar lo que algunas veces se torna doloroso.